|
EL
DULCE MAL DEL METABOLISMO
|
|
La
diabetes es la enfermedad endocrinológica más
frecuente. Es muy difícil determinar la cantidad de
pacientes afectados, ya que en muchos casos pasa
desapercibida. Se calcula que por cada paciente
tratado existe otro sin tratamiento.
|
Lo
cierto es que la prevalencia se sitúa entre el 1 y 2% de la
población total si analizamos únicamente aquellos que están
siendo tratados, pero si consideramos también a los no
tratados, la tasa global puede ascender al 4%. En total, más
de 140 millones de personas en todo el mundo, y dos millones
en España, la sufren.
La forma
más directa de diagnosticar una diabetes consiste en
determinar la concentración de glucosa en sangre
(glucemia). El diagnóstico está determinado por la
presencia de los síntomas mencionados y se corrobora con un
análisis de sangre.
La
diabetes Mellitus o azucarada es una alteración del
metabolismo que produce una elevación mantenida de las
concentraciones de glucosa en sangre (hiperglucemia). Como
consecuencia de la misma se produce una serie de
complicaciones en los diferentes sistemas del organismo, que
se concretan fundamentalmente en:
· Síndrome metabólico: hiperglucemia, aumento en la
cantidad de orina (poliuria), aumento de la sensación de
sed (polidipsia), aumento de la ingesta alimentaria
(polifagia), adelgazamiento y alteración del metabolismo
lipídico y proteico.
· Síndrome vascular: debido a las alteraciones que se
producen en las arterias y en las venas se dañan diversos
órganos: retina, riñones, sistema nervioso y corazón, así
como la circulación cerebral y periférica.
La insulina y el glucagón, sustancias producidas por el páncreas,
son las encargadas de mantener la concentración de glucosa
dentro de los límites normales. La insulina es
hipoglucemiante (desciende las concentraciones de azúcar en
sangre), facilitando que las células capten la glucosa y la
utilicen como fuente de energía, mientras que el glucagón
es hiperglucemiante y actúa, cuando descienden las
concentraciones de glucosa en el interior de la célula,
aumentando la producción de la misma.
En la diabetes se produce un desequilibrio debido a una
disminución de insulina o porque la insulina es incapaz de
ejercer su función. Como consecuencia de ello, las células
no consumen suficiente glucosa y además existe una
hipoglucemia intracelular que provoca el aumento de glucagón
para contrarrestar esta situación. Ambos factores unidos
justifican las concentraciones elevadas de glucosa en
sangre.
El tratamiento se fundamenta en tres pilares: dieta,
insulina y fármacos orales.
La dieta es el factor fundamental del tratamiento del diabético.
En primer lugar, el enfermo ha de conseguir un peso ideal,
en función del cual se calculará con posterioridad la
ingesta calórica.
La distribución de los principios inmediatos ha de ser
parecida a cualquier persona: 30% de grasas, 15% de proteínas
e hidratos de carbono en un 55%. Dentro de estos últimos,
la mayor parte ha de ser de absorción lenta (legumbres,
pasta, verdura, fécula) y en menor medida, hidratos de
carbono de absorción rápida (fruta). No se recomienda una
ingesta elevada de alimentos ricos en colesterol, y sería
conveniente un consumo diario de al menos 40 gr de alimentos
ricos en fibra.
Insulina
Actualmente existen dos tipos de insulina: insulina semisintética,
que se obtiene de la insulina porcina, e insulina biosintética,
obtenida por métodos de ingeniería genética.
Tipos de insulina:
· Insulina de acción rápida (cristalina o regular):
utilizada en urgencias diabéticas, cuando las
concentraciones de glucosa son muy elevadas.
· Insulina de acción intermedia: para el tratamiento
convencional.
· Insulina de acción prolongada: se usa para tratar de
obtener una concentración basal constante.
Antidiabéticos orales, que generalmente se prescriben a
pacientes con diabetes tipo II.
Clasificación
Diabetes Mellitus insulino-dependiente (DMID). Es la forma
clínica de aparición más temprana. Comienza habitualmente
antes de los 40 años, afectando a jóvenes y niños. Su
inicio es brusco y la sintomatología acompañante suele ser
intensa, generalmente en forma de un síndrome metabólico
con mayor frecuencia en la micción, pérdida de peso aunque
se aumente la ingesta de alimentos y se tenga una mayor
necesidad de beber con frecuencia y en abundancia.
Este tipo de diabetes se produce por destrucción de las células
beta del páncreas, que son las que producen la insulina, lo
que origina una disminución de la síntesis de insulina.
Para explicar esta desaparición celular existen varias teorías
conjugando factores autoinmunes (el propio organismo
reacciona contra sí mismo), factores infecciosos (posible
infección vírica) y factores hereditarios.
En estos pacientes es necesario instaurar el tratamiento con
insulina de forma precoz, desde el inicio de la enfermedad,
y mantenerlo de por vida.
Diabetes
Mellitus no insulino-dependiente (DMNID). Es el tipo de
diabetes más frecuente, constituyendo el 85-90% de los
casos. Aunque pueda aparecer de forma repentina como la DMID,
su forma de presentación es más insidiosa a lo largo de
semanas o meses, pudiendo ser un hallazgo casual en un
control rutinario.
Aparece en edades superiores a los 40 años y la mayor parte
de los pacientes presentan sobrepeso, con niveles de
insulina normales o elevados.
En el origen de la enfermedad puede haber factores genéticos
que actúan de manera muy marcada; prueba de ello es la
existencia de una forma de diabetes que aparece en jóvenes
y se transmite por herencia.
Existen a su vez factores ambientales, el 80 ó 90% de este
tipo de pacientes son obesos, probablemente con una dieta
rica en hidratos de carbono y grasas y una vida sedentaria.
El resultado final es la aparición de una resistencia de
las células a la acción de la insulina, lo que provoca un
incremento inicial de la producción de esta sustancia por
parte del páncreas para luego acabar disminuyendo.
En este tipo de diabetes, a diferencia de la insulino-dependiente,
no se destruyen las células beta del páncreas. En los
pacientes que la sufren, el tratamiento va dirigido
fundamentalmente a la disminución de peso, con lo que
muchos de ellos normalizan su nivel de glucosa. Si con la
dieta no se logra una respuesta eficaz, el segundo paso es añadir
antidiabéticos orales (fármacos que ayudan al páncreas a
producir insulina) y en algunos casos es necesario,
finalmente, el tratamiento con insulina.
Conviene remarcar la necesidad de llevar un control riguroso
del peso, lo que disminuirá a largo plazo el número de
complicaciones y facilitará su control.
Diabetes
gestacional. En algunas gestantes se produce una elevación
de los niveles de glucosa. En estos casos es importante
controlar su glucemia, ya que cifras altas en la madre
pueden dañar al feto. Con frecuencia, después del embarazo
desaparece, aunque en ocasiones se mantiene o es un factor
predisponente para padecer la enfermedad en el futuro.
Complicaciones
El aumento prolongado de la concentración de glucosa en
sangre produce numerosas complicaciones. Es muy importante
su diagnóstico y tratamiento precoz, para lo que es
fundamental llevar a cabo una correcta prevención de las
posibles complicaciones por el endocrinólogo. Entre ellas
destacan:
· Macroangiopatía: estos pacientes presentan una
arteriosclerosis más precoz e intensa que la población
normal. Se ven afectadas principalmente las arterias
coronarias, con lo que aumenta la incidencia de enfermedades
cardiacas y la circulación de las extremidades, siendo el síntoma
principal la claudicación intermitente.
· Retinopatía: el 80% de los pacientes diabéticos
presenta alguna lesión en la retina. Se produce una oclusión
de los vasos sanguíneos que va progresando lentamente,
pudiendo causar la ceguera.
· Nefropatía: en la mayoría de los pacientes se produce
una disminución progresiva de la función renal aunque el
tratamiento antidiabético sea el adecuado.
· Neuropatía: es una causa frecuente de morbilidad en el
paciente diabético. Existen dos tipos de neuropatía; una
predominantemente sensitiva, y otra con pérdida de fuerza
que afecta a la cintura pelviana.
|